Redacción: Naomi Villalobos.

Lograr cumplir un sueño en ocasiones no es fácil, pero con determinación y esmero se pueden alcanzar las metas, Karla Barrera una guatemalteca quien lleva más de 18 años viviendo en Estados Unidos, es ejemplo de ello.

Karla dejó su natal Guatemala en el 2002, con tan solo 20 años y a causa de una situación de “acoso universitario”, la joven decide migrar a Estados Unidos dejando a su hijo de 5 años a cargo de su madre.

“Hice el trayecto yo sola, tuve que pagar para que me ayudaran a pasar de México a Estados Unidos, fue un camino largo y duro”, recuerda Barrera.

Llega a la ciudad de Los Ángeles para vivir con sus medias hermanas a quienes nunca había conocido en persona, “llegué a vivir con ellas por medio de mi papá, nunca tuve una comunicación diaria con ellas, solo para cumpleaños, navidades y en esas ocasiones”.

Karla llegó a Estados Unidos con la idea de aprender inglés y de esa forma poder acceder a mejores empleos y poder ayudar a su hijo al que había dejado con su madre en Guatemala, sin embargo, cuando ella les expresa este deseo a sus medias hermanas se encuentra con una rotunda negativa “ellas me dijeron que aquí solo había venido a trabajar”, recuerda.

“Es bien difícil el estilo de vida aquí en EUA, algunas personas no entienden la situación moral y económica que viene pasando uno desde el momento que uno deja su país, entonces esa fue una de las situaciones personales con mi familia”.

La falta de apoyo fue un punto que marcó la llegada de Karla a Estados Unidos, un país nuevo donde no conocía el idioma, el clima, las costumbres, como funcionaba el transporte, “Yo había dejado un niño a cargo de mi madre en Guatemala, venía con el corazón quebrado por haberlo dejado, entonces yo necesitaba un apoyo moral, que no encontré”.

Pero, todas esas situaciones no desmotivaron a la guatemalteca, razón por la cual a las tres semanas decide mudarse de la casa de su media hermana “yo quería seguir estudiando y ellas me dijeron que yo venía a trabajar, no a estudiar, por esa razón es que toma la decisión de irme, porque quería superarme, salir adelante y no estancarme en una situación”.

En ese tiempo, Karla se inscribió en una academia de inglés y allí conoció a un grupo de guatemaltecas que no dudaron en ofrecer su ayuda, por si en algún momento la necesitaba, y no paso mucho tiempo para que ella les tomara la palabra  “cuando tuvo el problema con mis medias hermanas, yo le hablé a una de ellas y me fui a vivir con ellas aproximadamente dos meses, recuerdo que fue en octubre cuando estaba haciendo un frío terrible y me dijo la señora que yo me podía dormir en la cocina y le dije que no había problema que yo ahí me dormía”.

Durante esos dos meses, Karla tiene presente el incesante frío que solía pasar por las noches, “lo triste de esa temporada es que hacía demasiado frío, yo no conocía nada del clima y recuerdo que, en las noches, las cucarachas me pasaban por la cabeza y fue una historia a prueba de fuego, porque es bien difícil, tiene que ser uno fuerte para poder sobrellevar cualquier situación que se le ponga a uno en el camino”.

El primer trabajo que consigue Karla fue de pasear y cuidar perros, después comenzó a limpiar casas, a los dos años logró poner su propia compañía de limpieza, con mucho esfuerzo logra comprarse una minivan ya que como asegura “en Estados Unidos es bien difícil poder movilizarse de un trabajo a otro, se necesita un carro, el carro no es cuestión de lujo, es un arma de trabajo, tiene que pelear uno para poder salir adelante”.

La minivan fue una herramienta esencial en el negocio de limpieza, “en ese tiempo yo recogía 3 o 4 personas que me ayudaban a limpiar las casas, yo las dejaba en las direcciones donde tenían que trabajar, luego finalizada la jornada yo pasaba de nuevo a recogerlas, todo eso con un inglés básico, lo entendía, pero no lo hablaba”.

Todo ese tiempo Karla Barrera no perdía de mente su objetivo de aprender inglés, ya que la barrera del idioma siempre estaba presente, “es una de las experiencias más duras cuando la gente te discrimina porque no entiendes lo que te están diciendo o ciertas situaciones que uno como latino no está acostumbrado a ver en este estilo de vida de las personas adineradas de EUA, por ejemplo la forma como se expresan, el uso de drogas en sus casas, situaciones como esas a las que uno no está acostumbrado, no está familiarizado, entonces todo te sorprende, el ver ese estilo de vida”.

Entonces, Karla decide abandonar su negocio por su deseo de aprender inglés y superarse, es de esa forma que llega a un restaurante de comida mexicana, donde la dueña le da la oportunidad de asistir a sus clases, siempre y cuando ella trabajara los siete días de la semana.

Ella recuerda que el puesto para el que fue aplicar era de hacer tortillas “yo creía que eran tortillas hechas a mano, porque de esa forma se hacen en Guatemala, pero se hacían con una prensa”.

Estuvo durante tres días en ese puesto, luego despiden al asistente del mesero y ella toma ese nuevo cargo, “sabía tomar las ordenes pero no hablaba el inglés, y llegaban bastantes personas que trabajaban en un hospital y solo hablaban inglés, así que yo veía cuánto dinero hacían las meseras y me decía, yo tengo que aprender, tengo que aprender”.

Comenzó a ver el fruto de sus clases y la pusieron como mesera, luego estuvo de bar tender y llegó a ser asistente del encargado del restaurante, “ese restaurante fue mi entrenamiento porque comencé desde cero hasta llegar a la oficina”.

La gran labor de Karla Barrera le han otorgado la oportunidad de aparecer en portadas de revistas

Durante los siete años que estuvo en el restaurante, Karla se enamora de la de comida mexicana y comienza a formarse el sueño de tener su propio negocio, así que comienza a prepararse “terminé mi curso de inglés, me metí a cursos de cocina porque me gustó la comida mexicana, de administración de empresas, conocer las reglas de cómo preparar comida en EUA”.

Durante todo ese tiempo, Karla estuvo ahorrando ya que su prioridad era traer a su hijo a Estados Unidos, “gracias a Dios en los trabajos que he tenido me ha ido bien, yo no gastaba en ropa, porque si las personas sacaban ropa, zapatos, de las casas donde yo limpiaba, si me quedaban yo me las ponía, mi comida yo me la preparaba, solo pagaba mi renta y el dinero que enviaba a Guatemala, pero yo seguía ahorrando, lo mismo con el restaurante”.

Es de esa forma y con una buena cantidad de ahorros que empieza con el trámite de migración, “cuando vine a ver cuánto dinero había juntado, me di cuenta que tenía para empezar un pequeño negocio, empecé a cotizar precios, aprender cómo era la forma para abrir un negocio aquí en Los Ángeles, porque es bastante complicado si no se tiene la dirección correcta”.

Karla le pedía todas las noches a Dios por un negocio propio y finalmente se le presenta la oportunidad de adquirir un mercadito, “era un mercadito chiquito, tenía una sola vitrina de carne, pero tenía cinco negocios en uno mismo, porque aparte de la carne, se vendían jugos, frutas, verduras, sombreros, velas, se hacían envíos de dinero y otras cosas”.

Para, ella eso fue como haberse sacado la lotería, ya que resultó ser un negocio muy rentable, sin embargo, dos años después tiene un accidente automovilístico “bastante fuerte, una persona venía borracha y me chocó, estuve sin poder trabajar casi un año”.

Sin embargo, para ese tiempo ya había iniciado las conversaciones y los trámites para abrir el restaurante que tiene ahora.

“Tuve que vender el pequeño mercadito que tenía y seguí con el tiempo en que me estaba recuperando con el proceso de abrir el restaurante, estuve prácticamente un año fuera”.

El esfuerzo y dedicación de Karla logró que una guatemalteca triunfara dentro de la gastronomía mexicana

Fue en el 2016 que Karla Barrera lograr abrir las puertas de su primer restaurante Costa Brava en Los Ángeles, para ese tiempo ya se había logrado reunir con su hijo tras nueve años de estar separados.

Con su nuevo restaurante, se enfrenta nuevamente con la discriminación, porque su restaurante Costa Brava se especializa en comida mexicana, así que muchos creían que por ser guatemalteca no sabía lo que hacía “fue bastante duro porque cuando decía mi origen decían “Ohh, no sabe lo que esta haciendo”.

Pero, Karla logró demostrarles que era capaz de triunfar y un año después abre su segunda sucursal de Costa Brava en San Diego.

El platillo estrella en los restaurantes son los ceviches de camarón y de pescado, “aquí todo se prepara fresco no hay nada que sea congelado y ocupamos la sal rosada, algo que les cambia mucho la sazón a los ceviches, y las personas quedan fascinadas con el sabor”.

La razón del nombre de Costa Brava, se debe a que, en México, exactamente en Veracruz hay una sopa de mariscos que se llama Costa Brava, la particularidad de la receta es que lleva un pescado asado entero, entonces cuando ya esta se le pone a la sopa y agarra un sabor completamente diferente.

Por otro lado, a parte del gran trabajo empresarial que ha desarrollado, Karla representa desde hace 15 años con una asociación de mujeres que elaborara textiles en Guatemala, ser una representante implica varias cosas.

 “Implica muchas cosas que van más allá de la belleza física. Tomando en cuenta todo tipo de críticas tanto buenas como no tan buenas. En mi caso lo he hecho con la pura finalidad de representar mi sangre indígena yo pertenezco a la etnia chorti del oriente de Guatemala. Lastimosamente le llaman el corredor de la muerte por la hambruna tan grave que se vive en ese sector del país”.

Además, colabora con diferentes asociantes como las Comunidades Mayas que se encuentran en Los Ángeles; con los Boys and town, que son niños huérfanos; con el hospital infantil, San Judas; con la organización Chicano Latinos Unidos y con Casa Puebla del Estado de Puebla México.

“Nunca he tomado clases de locución simple sencillamente ha sido mi labor altruista que me ha llevado sentarme ante un micrófono”, Karla Barrera.

Debido a su trabajo en las diferentes organizaciones, ha estado en la portada de algunas revistas y ha participado en la radio, estuvo en Radio Centroamérica, Sin Fronteras en donde se encuentra actualmente y Karla la describe como una de las mejores experiencias el estar frente a un micrófono.

“Ha sido algo fabuloso que me ha sucedido en mi vida, lo he hecho de manera empírica, nato, nunca he tomado clases de locución simple sencillamente ha sido mi labor altruista que me ha llevado sentarme ante un micrófono”.

Ahora, los planes de Karla Barrera son seguir trabajando y abrir una tercera sucursal de Costa Brava en el área de la Bahía en San Francisco.

Para finalizar, envió un mensaje a todos “hay que prepararse y educarse para poder salir adelante, no hay que ser conformistas, que el trabajo que estén desempeñando lo hagan bien porque muchas personas solo buscan ganar lo que se les paga por hora sin esforzaste tanto y no se trata de eso, si no de ponerle empeño y sacrificio”.

“No es fácil salir adelante en este país, pero con empeño, esfuerzo y siempre de la mano de Dios se pueden hacer las cosas, no hay imposible cuando se quiere lograr un sueño”, concluye.

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