El estrés muchas veces llega sin ningún aviso, pero, cuando lo hace, inunda de una sensación de malestar, desasosiego y nervios, en menor o mayor grado. Lo que está claro es que nadie desea su presencia, pero, por desgracia, es una de las afecciones psicológicas más comunes en la actualidad.

Los síntomas del estrés pueden llegar a ser nefastos, afectando no sólo emocionalmente, sino también psicológica y físicamente. Para ayudarte a descubrir si lo padeces, te contamos algunas de sus consecuencias:

Problemas del sueño: Ya sea de insomnio o de exceso de sueño, el estrés puede afectar a la calidad de descanso, creando un mal habito para conciliar el sueño.

Dolor de cabeza: aparece con frecuencia cuando se realizan actividades que requieren de mucha atención, causando una sobrecarga. Sin embargo, también puede surgir por presionar inconscientemente la mandíbula por los nervios.

Problemas en el aparato digestivo: el dolor de estómago es un síntoma común, que puede desembocar incluso en estreñimiento o en todo lo contrario. Tampoco es extraña la falta o exceso de apetito por los nervios.

Además de alejarse, en la medida de lo posible, de aquello que produzca estrés, es recomendable poner en práctica estos consejos para poder reducirlo:

Conseguir tiempo para uno mismo y para relajarse: invertir en ese hobbie que ya hace tiempo que se realiza, hacer ejercicio de manera regular para aliviar el estrés, relajarse con técnicas de relajación como el yoga o pilates.

Alimentación: evitar alimentos excitantes tales como el café o el chocolate, y mantener una dieta saludable y equilibrada, como es la Mediterránea.

Aceptación: Reconocer que es imposible mantenerlo todo bajo control y que hay cosas que no pueden cambiarse.

Además, es de saber identificar el estrés ya que eso ayudara a poder de actuar sobre el mismo. ¡Prueba a implementar alguna de estas medidas en tu vida cotidiana y verás cómo mejora tu bienestar general!

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